jueves 2 abril, 2020
Interes General

La despedida del Gran “Pipi” Romagnoli

Forma parte de esa estirpe de jugadores del fútbol argentino que combinan de la mejor manera el amor por la camiseta junto con la técnica. El perfil bajo, el barrio, la sencillez, los amigos, la familia y esa potencia capitana capaz de emocionar y de hacer vibrar a Boedo, el Bajo Flores, nuestra Ciudad en su conjunto, por qué no a la Argentina y hasta simpatizantes de otros clubes que aman el deporte y la pasión que ponen en el campo de juego estos talentosos representantes, como el “Pipi” y su corazón de auténtico azulgrana.

El último ídolo del primer equipo de San Lorenzo de Almagro decidió colgar los botines luego de veinte años de notable carrera. En el Nuevo Gasómetro se llevo a cabo el partido homenaje que contó con la participación de reconocidos referentes del Club, también a nivel de dirección técnica. Alrededor de veinte mil “cuervos” participaron de esta ceremonia, donde las familias ocuparon un lugar central.

“Olé, olé, olé, olé, Pipi, Pipi”. Padres y madres, abuelos y abuelas, hijos, hijas, nietos. Familias enteras expresaron su cariño y admiración por el “10” Eterno. En tanto, las imágenes y videos sobre su historia en pantalla gigante arrancaban suspiros, alguna que otra lágrima y aplausos. ¡Pipi gambeteando, inolvidable!

Con su flequillo que marco tendencia entre los fanáticos más jóvenes de la época. Y ese vértigo indomable. Gambeta, gambeta y haciendo goles. Como los del Clausura 2001, en Medellín en la final de la Copa Sudamericana, como aquel golazo de su vuelta ante Estudiantes y dando vueltas olímpicas seis en total: Clausura 2001, Mercosur 2001, Sudamericana 2002, Torneo Inicial 2013, Libertadores 2014 y Supercopa 2015.

Y cuando parecía que el momento emotivo había pasado luego de la llegada de Leandro Romagnoli de la mano de sus hijas, una sorpresa increíble. Atilio, el papá del Pipi, confeso hincha de Huracán, se puso la camiseta cuerva y entró para fundirse en un abrazo interminable con su hijo y tirar unas paredes que quedaran para la historia.

“San Lorenzo es mi casa, esto no es un adiós es el comienzo de una nueva etapa. Quería compartir esto con todos ustedes porque fueron el motor de todo lo que se logró. Gracias a mi familia. No sé qué más decir, gracias por todo”, se despidió el 10. Una última ovación. Todos de pie. Y otra vuelta olímpica, la última.

¡Gracias Pipi por tantas alegrías, un ídolo que se convirtió en leyenda!

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